martes 1 de diciembre de 2009

Dolor

A veces en la vida vivimos un dolor ajeno con la misma intensidad que un dolor propio.
A veces ese dolor ajeno no es tal porque el ajeno es alguien por quien darías la vida y, para más inri, hemos vivido situaciones similares, y cercanas, que nos remueven los dragones que creíamos muertos, y lo están, salvo por el pequeño detalle de que al verlo en el otro sabemos lo que siente, aunque lo niegue ¡puta empatía!
Lo que provoca más dolor, cuando es ajeno, es ver que el nuevo doliente cree no sentir, dice no padecer, pero sabemos que siente y padece, que en algún momento se irá al carajo.
La única manera de sobreponerse es echar todo el dolor fuera, verbalizarlo, ponerle un nombre, y así reconocer que la vida a veces duele de forma tan intensa y tan cruel que nos aplasta con la realidad cotidiana de las noches en blanco y los días vacíos.
Yo pasé por lo mismo, me enfrenté a ello con ayuda de grandes amigas que me salvaron del abismo y sobreviví, espero que él, infinitamente más débil que yo pero fuerte a su manera, también se dé cuenta de que sobrevivirá... a pesar de todo.


sábado 28 de noviembre de 2009

Nos queríamos tanto que no podíamos soportarnos

En esta vida todo, salvo el éxito de Crepúsculo, tiene una explicación racional... Una es soltera militante porque no se ha cruzado con un tío normal en la puta vida, o quizá sí, pero ni cuenta me di juer, si es que... ¡soy tan despistada!... y por normal entiendo un tío que no quiera casarse conmigo en dos minutos ni se emparanoie si le llamo un día por teléfono, que me cuide sin pretender que le consulte todos mis movimientos, que se deje querer sin que pretenda que me convierta en su madre... resumiendo: la virtud, que decía Platón.

Así que siguiendo la apasionante serie de X quiso tanto a Y que fue insoportable abro una nueva serie para mí sola porque sé que a pesar de mis titánicos esfuerzos nadie se me anima y me secunda - y llevo tres entradas en dos días (me aburro y estoy algo malucha, qué le vamos a hacer) Y esta entrada va a ser larga, avisados estáis.

Cuando nos conocimos teníamos veintipocos y estuvimos más de dos juntos. Él era un extraterrestre guapísimo e inteligentísimo que durante el primer año demostró tenerme la paciencia del santo Job. Ese primer año yo estaba tan ocupada en mis rutinas que me daba igual si le atropellaba un camión, pero, como decía al empezar, todo tiene una explicación: llevaba empalmando novietes desde los 16 y estaba agotada, sólo quería divertirme y él tenía tan poca sangre en las venas que, a pesar de que se enamoró a la velocidad de la luz, me llamaba cada jueves, y sólo cada jueves, y nos veíamos los viernes, y sólo los viernes (durante tooodo un año) La cuestión es que empezamos una noche de fiesta sin que me enterara y seguimos sin mi consentimiento - tardé más de dos meses en enterarme de que iba por ahí cantando eso de somos novioooooss, nos tenemos un cariño limpio y purooooo (lo de puro es metafórico, obviamente) y cuando lo supe estuve tentada de hablar con él para aclarar algunos asuntillos sin importancia del tipo pequeño, que en fin, lo de estar tú y yo juntos en plan parejil, verás, los sábados como no sales pues yo, que me acabo de enterar de que tenemos una relación, en fin... así que lo dejé correr, pensaba que el asunto le importaba tan poco como a mí porque cuando a los terrestres les importa alguien intentan que el interesante al menos se entere, y yo ni me lo olía ¡entendedme! ¡no me había dado cuenta de su condición de visitante extraterrestre!

Nuestras conversaciones eran apasionantes, a saber: desde las matanzas en la América Colonial hasta la utilidad de la filosofía pasando por el nazismo alemán y el sistema de organización de las hormigas (juro que este último es tan verídico como los anteriores; con el tiempo he llegado a la conclusión de que estaba recopilando información para llevarse a su planeta) Hablábamos, como diría Benedetti, de todos los grandes temas en dos volúmenes, salvo de nosotros (se ve que a mí no me tenía que estudiar) Y lo más diver de la historia es que lo hacíamos indefectiblemente a gritos.

Cuando en medio de una discusión sobre el tópico de la noche se enfadaba, cosa que ocurría siempre, se daba la vuelta y dejaba de hablarme un rato. Le dije ni sé las veces en todos los volúmenes posibles que me ofendía profundamente que hiciera eso pero ni caso, y como no hacíamos metarrelación la cosa fue llegando a tal punto que pasé de un inocente este tío es idiota cuando lo hacía a tener unas firmes ganas de estrangularlo. Pero lo dicho, como si le atropellaba un camión, al día siguiente era sábado ¡fiesta! y no tenía que aguantar sus niñerías hasta la semana siguiente y no sólo discutíamos, que todo hay que decirlo, también era divertido y adorable cuando quería.

Todo iba más o menos regular hasta que un día se mascó la tragedia. Hermanodefobia -era amigo suyo - preocupadísimo me advertía, que a veces parece que no me conoce juer, de que él jamás se enamoraría de mí porque su relación anterior había acabado de la forma más bestia jamás contada - en un hotel ella dijo Extraterrestre ¿me quieres? y él ¡más majo! respondió no y te dejo - pero un día se paró en mitad de la Gran Vía a las mil de la mañana, me miró con sus profundos ojos claros y me declaró su amor... le di el beso más largo de la historia para mantenerlo callado hasta que pude huir en autobús. Un mes después, más o menos volvió a darse la vuelta y como entonces era una rata cobarde ahí lo dejé plantado después de gritarle alguna que otra barbaridad de las de costumbre.

Desde entonces empecé a encontrármelo, con cara de carnero degollado, en todas partes ¡hasta empezó a salir los sábados y llamarme de cuando en cuando el muy malvado! Poco a poco nos fuimos haciendo amigos, ya no discutíamos a gritos de cosas que nos importaban un carajo, nos reíamos mucho y poco a poco fuimos teniendo una relación más sana... él seguía enamorado. yo poco a poco empecé a preocuparme por su vida ante los camiones y un buen día me di cuenta de que me había enamorado yo también.

Volvimos y estuvimos juntos algo más de un año. El principio fue genial, ambos fuimos buenos, no me llevaba la contraria cada vez que hablaba y yo sólo tenía ojos para él incluso si no salía un sábado y cuando me fui de vacaciones. Y entonces un buen día volvió la América colonial, los gritos, las espaldas... y yo les decía a mis amigas que le quería con toda mi alma pero que me caía fatal y no podía soportarle (y se partían de risa las muy desgraciadas) Y un buen día dejó de compensarme el amor, se dio la vuelta y me fui.

Un mes después le llamé para dejar las cosas como las personas normales, le supliqué que me dijera que no me quería y no fue capaz - yo tampoco aunque lo intenté - lloramos mucho y nos dijimos cosas bonitas que no nos habíamos dicho antes y, atención, nos repartimos la guardia y custodia de los bares para no coincidir... hasta el punto de que en el caso de uno en concreto al no llegar a un acuerdo nos lo repartimos por turnos... Me tocó hasta las tres y cumplí el acuerdo durante años, hasta que cambié de zona.

No sé dónde estará ahora - aunque me muero de curiosidad - supongo que habrá vuelto a su planeta. Hermanodefobia lo tuvo en su vida algún tiempo más y por eso me consta que estuvo mal mucho tiempo, por mi parte, a pesar de todo, le quise mucho y durante mucho tiempo después de que todo terminara, pero ambos sabíamos que el amor por sí sólo no era suficiente, por grande que fuera.

Fue una relación extremadamente difícil y extenuante, quedé tan exhausta que al terminar decidí tomarme un descanso que duró unos cinco años (y ese también fue de traca)... ¿continuará?

viernes 27 de noviembre de 2009

Sueños raros

Esta noche he tenido un sueño rarísimo del que sólo recuerdo dos cosas: la primera es que estaba casada con mi casero - un absoluto impresentable en la vida real - y que éste tenía la forma de la araña de peluche de Ikea pero gigante y aterrador (eso no indica necesariamente que esté loca, que es un sueño juer) la segunda que, después de una imagen de la araña tratando de matarme, un amigo moría y eso me ponía muy triste.

No consigo ver la relación entre las dos cosas y no consigo tampoco conectar nada con mi propia vida. He consultado con el difunto jijiji - aun a riesgo de que pensara que estoy como un cencerro y renegara, con razón, de que me conoce - para ver si a él se le ocurría algo pero nada, tendré que darle más vueltas.

Hace no mucho tiempo era capaz de interpretar mis sueños con cierta rapidez, por raros que fueran, pero ahora estoy completamente perdida. Estoy en un momento estupendo de mi vida; después de sobrevivir al dolor doloroso del vacío total no hay nada que me trastorne o me lleve más de dos minutos de comedura mental (salvo algunas cosas ajenas que sí me angustian claro) así que ¿por qué demonios mi casero? ¿por qué he pasado del miedo del casero a la muerte? ¿qué demonios se ha muerto? ¿qué narices hacía mi amigo en mi sueño y por qué se muere? ¿por qué me he despertado triste?

Lo que me tiene muerta de curiosidad, más que el sueño en sí - y eso que era raro de cohoneh - es que ante el horror de la araña y la tristeza de la muerte la sensación que haya persistido cuando me he despertado - como dos horas después de levantarme jijiji - era la tristeza. Así que no paro de preguntarme ¿qué demonios se ha muerto?

¡¡Me voy a acordar de la santa madre de Freud para los restos!!

SPM

Hace dos semanas experimenté un SPM de proporciones bíblicas. Por suerte no había nadie cerca a quien morder y me comí la angustia yo solita como una niña mayor aunque sospecho que alguna avería sí hice jijiji

Por suerte soy una afortunada y me pasa cada mil años pero cuando pega, pega con fuerza y a pesar de lo majísima y buena persona que soy en mi mismidad natural aún hay gente que me mira raro si ha sufrido la onda expansiva... y es que encima, lo peor de todo, es que nadie entiende que en ese día sufrimos una incontrolable locura transitoria. Si esto le pasara a los tíos seguro que había más comprensión humana y divina para la hormona psicópata que nos controla en esos días que en los anuncios son taaaaaaaaan felices. Es más, si los hombres sufrieran el dichoso cambio de niña a mujé el mundo sería diferente:
  • Hubieran encontrado la forma de invertir el SPM y en lugar de volverse locos de angustia y mala leche entrarían en un feliz éxtasis sublime.
  • Un galeno hubiera encontrado allá por la Edad Media - como muy tarde - la manera de que el ciclo lunático fuera cada 28 meses. Y a día de hoy mancharíamos una vez, la primera, y sólo porque la maldita no avisa (yo supe que era mujé -antes, a pesar de los muchos indicios ni lo intuía oiga - en una cabalgata de Reyes sniff)
  • No dolería ni un poquito pequeño.
  • Habría vacuna para la osteoporosis; porque encima de sufrir el ciclo durante cuarenta años cuando se va nos deja hechas un trapo.
  • No tendría que usar cursivas para hablar de la regla porque no sólo no sería tabú - que tabú más idiota - sino que sería un motivo de orgullo y fiesta, como las veces que pueden repetir, los que repiten jijiji, incluso a solas.
Seamos solidarias, reivindiquemos nuestro derecho irrenunciable (qué más quisiéramos nosotras que renunciar a él juer) a perder la cabeza un día al mes, en el peor de los casos. Reivindiquemos nuestro derecho, en esos días, a hacer averías, a enfadarnos por todo, a echarnos a llorar inconsolablemente sin venir a cuento de ná...

Ellos lo hacen si les rayan el coche y por un millón de tontás aún más gordas... yo sólo cuando no soy yo sino mis hormonas ¡no es justo!

sábado 21 de noviembre de 2009

Los mentalmente divergentes (III)

Nuestro mentalmente divergente de hoy es un tipo absolutamente encantador, con una conversación absolutamente apasionante, con un sentido del humor extraordinario, inteligente y resultón... hasta que se toma dos copas (después de haberse tomado unas veinticinco)

El doctor Jekyll estuvo frustrado durante años, nos conocemos hace eones y hemos vivido un millón de cosas juntos (en un 90% juergas, e incluso tuvimos nuestro momento y fue divertido porque jamás había consecuencias tras los cuatro besos alcohólicos que nos dábamos hará unos diez años hasta el punto de que después cada cual - más bien yo jijiji - hacía su vida incluso en esa misma noche) y por lo que he tenido la oportunidad de ver hace unos días a pesar de que sus metas se van concretando despacio la frustración ya ha quedado irremisiblemente tatuada en su piel y no ha renunciado a tomar la pócima que le libera de toda culpa y le permite hacer el mal.

Cuando Mister Hyde sale a pasear nuestra aguerrida fobia es capaz de controlar la situación, mantenerlo a raya, proteger al resto de sus congéneres y mandarlo al carajo si se tercia - no sería la primera vez - y las aguas vuelven a su cauce, pero a veces nuestra aguerrida fobia está ocupada en otros menesteres - y/o perjudicada - y se producen situaciones incómodas para el resto de la humanidad que provocan que, a medida que va juntando información, nuestra aguerrida fobia se sienta fatal y con ganas de estrangularlo para pagar por los pecados de ambos.

El principal problema del Doctor Jekyll son las mujeres, se enamora intensamente en aproximadamene diez minutos y es capaz de recorrer el mundo entero en búsqueda de su amada... salvo si ella muestra algo de interés, momento en el que también recorrerá el mundo pero para huir. Y eso es lo que lo convierte en un mentalmente divergente, el amor le gusta, lo busca desesperadamente pero ni sé las veces que he visto a mujeres ponerle ojos tiernos - mujeres que en muchos casos habían sido su objetivo - y no ha habido manera de concretar nada, y cuando digo nada digo nada. Y, como era de esperar, Mister Hyde tiene un problema con los hombres, jamás ha pegado a nadie, pero cuando está en su momento de seducción le molestan y se pone verbalmente agresivo.

El tiempo pasa y cada vez seduce menos, el tiempo pasa y cada vez su conversación, que sigue siendo interesante, se parece más a un monólogo que a un biólogo, salvo para nuestra aguerrida fobia, y cada vez resulta menos interesante, menos encantador, menos resultón. Y nuestra aguerrida fobia decidió hace ya muchos años, de forma absolutamente consciente, desprenderse de los mentalmente divergentes.

Es tan difícil separar sus dos personalidades que es imposible quererle si no lo conoces desde hace mil años y has visto a Jekyll millones de veces. También es harto complicado dejar de querer a alguien después de veinte años, pero en estos últimos días me lo está poniendo a huevo. Qué triste...

sábado 7 de noviembre de 2009

ORIENTADO, OBESO, RUBICUNDO

No es un verso de Góngora, ni siquiera de un poeta del Siglo de Oro. De hecho, a pesar de ser un endecasílabo perfecto no es un verso. Es un apunte médico que define el estado físico de mi padre. Cuando lo vi, le pregunté si su médico era argentino, por casualidad, y él me contestó que no. Sin embargo, al leer el citado comentario comentó impasible: “Argentino no, pero gilipollas un rato”.

No voy a hablar de los clásicos, al menos, no hoy. Sólo quiero hacer un somera reflexión sobre la vida. Y es que hay momentos en los que parece que algún cabrón nos ha pisado el cristal de las gafas de lejos. Que no es fácil intentar ver más allá de lo que tenemos delante de nuestras narices y que pensamos que los sueños; sueños son y por tanto inalcanzables.

Intento convencerme de que no es cierto, de que las ilusiones volverán como las oscuras y cursis golondrinas de don Gustavo Adolfo Bécquer.

A veces, lo consigo. Otras no. Engañarme digo. Porque de qué otra cosa se trata la vida que no sea de engaños pequeños y grandes que uno perpetra contra uno mismo y contra o a favor los demás. No puedo más que citar con mi mala memoria y mi gran admiración al señor Biedma en uno de sus más sencillos y mejores poemas cuyo título es “No volveré a ser joven”

Que la vida iba en serio
Uno lo empieza a comprender más tarde
Como todo los jóvenes yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
Y marcharme entre aplausos
Envejecer, morir eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
Y la verdad desagradable asoma:
Envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Si ya sé que no se trata de mí, pero una al fin y al cabo una sabe reconocerse en los espejos. Y se pregunta cuándo llegue mi momento qué coño será de mí, cuánto habrá cambiado mi rumbo, hacia dónde habré ido. Es más que probable que a ninguna parte. Algunos, sólo algunos somos especialistas en los viajes a ninguna parte. Bueno y qué más da.

viernes 6 de noviembre de 2009

Le quise tanto que no pudo soportarme

Si no lo hubiera escrito yo misma, no me conociera de nada y leyera fobias sin filias llegaría a la inevitable conclusión, especialmente al hilo de la última entrada, de que tengo la sensibilidad de una piedra pómez... y nada más lejos de la realidad jo.

Así que, sin consulta previa (normalmente, lo creáis o no, consulto todo con Raimundita, que va a acabar harta de mí la pobre) voy a contar que yo también tuve un momento osito en la vida en el que ni comía, ni bebía, suspiraba por las esquinas y sólo soñaba con que llegara la hora de encontrarme con el que fue mi primer gran amor que, como era esperable, me mandó al carajo porque tan grande era mi amor, y tan súbito, que no había Ibarrertxurix que pudiera soportarme.

Tenía 17 años y estaba de vacaciones. Le vi, de lejos, y en ese preciso instante supe que tenía que ser mío y para siempre, como fuera; en ese momento movilicé a todo el mundo para que nos juntara porque aunque soy bastante clara y directa - ahora bien, lo soy en el post, jamás en el pre - en aquel entonces ni en el post ni en el pre, me hice la inglesa hasta que conseguí que un amigo común nos presentara... y empezó el acoso hasta que cayó en mis redes, dos días después cuando conseguí que todo el mundo nos dejara solos bajo seria amenaza de sufrir un accidente mortal.

Con el tiempo he llegado a la conclusión de que la primera vez que me besó lo hizo para que dejara de darle la chapa, y también la segunda, y la tercera, y la cuarta y todas las veces que lo hizo en esos días breves pero intensos pero es que yo sólo quería escucharle, que me contara su fascinante vida (con decir que me pareció fascinante que su padre fuera taxista ya lo digo todo) y que me mirara sólo para poder mirarle a todas horas.

La cosa duró poco y no sólo porque las vacaciones terminaron, un buen día apareció y me dijo que no podía seguir conmigo; con el tiempo supe que él también estaba en fase osito pero con otra que llegaba la semana siguiente así que no me quedó otra que llevarme mis lágrimas de vuelta a casa. Pero el día antes de marcharme le mandé una carta en la que no le pedía nada y nada esperaba pero le confesaba, aunque era bastante evidente, que me había enamorado como una perra y, como era un gran tipo, tuvo el detallazo de contestarme en cuanto la recibió. Al año siguiente volví a verle y me contó como la otra le había partido el corazón, la odié profundamente, pero curiosamente no porque me hubiera ganado sino porque le había hecho daño al que entonces ya era mi amigo y lo fue durante años hasta que la vida nos separó - vamos, hasta que dejé de irme de vacaciones con mi padre.

No he vuelto a enamorarme a primera vista - gracias a Ibarretxurix - ahora el amor me lleva tiempo y, para más inri, normalmente entre que me llega y me doy cuenta pueden pasar eones... vamos que me he vuelto una cínica - y no tiene ni puta gracia - no sé si por la edad, por miedo o por estupidez pero así es la vida... jo, y encima me dan alergia los gatos así que me compraré un cactus para que me dé conversación cuando llegue el momento en el que me vuelva invisible.

jueves 5 de noviembre de 2009

Me quería tanto que no pude soportarlo (I)

Aunque nos falta un pecado capital - pero todo se andará - y no hay mucho mentalmente divergente por aquí – todavía - inauguramos una nueva -y apasionante - serie sobre aquellos hombres osito que tuvimos en nuestra vida que eran tan taaaaaan tiernos, taaaaaaan cariñosos, taaaan atentos, taaaaan románticos… que aburrían a las ovejas.

Nuestra aguerrida fobia aún no había cumplido los veinte años cuando, un buen día, un amigo del alma, en adelante Osito, empezó a darle la chapa de una manera brutal y sistemática. Fobia y Osito compartían una intensa y trabajada amistad plagada de intereses comunes, de chistes privados, de conversaciones sin tapujos… pero entre ellos, además de la amistad que ella quería conservar y punto, había un pequeño obstáculo… Amigodeosito, que por alguna inexplicable razón, llamémoslo hormonas, no era un ser asexuado para Fobia como sí lo era Osito… para un ratito, que todo hay que decirlo, porque Amigodeosito era un poco, digamos, mentalmente divergente.

Como eran tan amigos y punto, Fobia le había confesado a Osito que le gustaba AmigodeositoFobia no es tan bruta pero ni se le había pasado por la imaginación que Osito estuviera interesado, jamás hubiera querido hacerle daño - Hubo un tiempo en el Osito fingió ayudar a que pasara algo entre Fobia y Amigodeosito – que pasó varias veces, sin su intervención y con su conocimiento – Pero, de pronto, un buen día Osito amaneció como un ser similar a Amigodeosito y Fobia se hizo un lío mental estupendo.

Como se sentía cómoda, el lío mental de Fobia duró un año y en todo ese tiempo nunca más se pudo tener una conversación normal; Osito, dijera lo que dijera Fobia, contestaba, inexorablemente, te quiero”.

Fobia trató de ingeniárselas para relajar la situación porque en el fondo no sabía si sería amor parejil, pero quererle le quería muchísimo, y propuso la posibilidad de infidelidades múltiples (ups, olvidé que les separaban unos cuantos kilómetros… y por eso duró tanto la cosa) y Osito no sólo aceptó dolorido sino que le dedicó una canción de Pablo Milanés que a día de hoy Fobia no puede escuchar sin que tanta ternura le produzca urticaria y propuso, en una dura negociación, que Fobia tenía un límite de diez infidelidades mientras que él se limitaría a una (por mucho que Fobia ha deseado lo contrario le consta que no la usó, el muy… osito) Los amigos de Fobia de aquella época, que eran una panda de desgraciados, se tomaron esa historia a chiste llegando al punto de que uno de ellos fabricó, a imitación del bonobús de entonces un “bonoosito” que recogía en el anverso más o menos las siguientes instrucciones:

“Este bonoosito es personal e intransferible. Los diez cupones de los que consta serán convenientemente cortados, tras cada infidelidad, por hermanodefobia o amigadefobia”

La historia terminó cuando Osito empezó a hacer planes a largo plazo, Fobia entró en razón y decidió que de seguir hubiera sido tortura así que no le quedó otra que sacrificarlo, muerta de culpa, para que dejara de sufrir.

Él me quiso, y a veces yo también le quise, pero me quería tanto tanto que no pude soportarlo.

miércoles 4 de noviembre de 2009

GRISES

Ya que nos ponemos intimistas y algunos empiezan a reconocer que se identifican con una bellota, lo cual me parece que no está nada mal, aprovecharé para hablaros de mí. Soy un mediocre. Sí. Desde pequeñito. ¿Qué le vamos a hacer? Se dice que unos nacen con estrella y otros estrellados. Pero yo añadiría que hay un tercer colectivo: el de los de ni fu ni fa. Ni chicha, ni limoná. Grises. No de los de porra, gas lacrimógeno e instinto violento. Simplemente grises. Esos que da igual que estén o no porque nadie se da cuenta. Así somos algunos. Unos cuantos. ¿Vosotr@s?.

Desde la más tierna infancia te das cuenta de que pintas poco cuando, en el colegio, antes de empezar a jugar al fútbol, los líderes de los dos equipos (los dos que mejor juegan, huelga decirlo) van eligiendo uno a uno a los compañeros y tú te vas quedando junto a los más torpes de la clase. Y eligen a otro y a otro y a otro…y comienzas a desesperarte… ¿hasta ese gordinflón que no le daría una patada ni a un balón de Nivea es mejor que yo? ¡¡¡¡si no puede ni correr!!!..... Y eligen y eligen y tú sigues ahí, en el escaparate. En venta. Sin nadie que te compre. Humillado. Como la ropa que nadie quiere y se queda para las rebajas. Y miras con cara de pocker mientras pides al cielo (a esa edad todavía crees que existe) que no te dejen el último. ¡¡¡Por favor, eso no!!!! Te salvas por los pelos. El antepenúltimo, pero….… viendo los dos que quedan por detrás…flaco consuelo, la verdad.

El baloncesto tampoco es lo tuyo. Tus dedos son de plastilina y el balón demasiado grande. Y la canasta demasiado pequeña. En realidad, necesitarías un aro del tamaño de la plaza de Las Ventas para poder hacer un triple si tuvieras las fuerzas necesarias para lanzar, pero ni eso. Te das cuenta de que sólo eres medio bueno jugando a voleibol. “Algo es algo”, piensas, si no fuera por una pequeñita cuestión:¡¡¡¿A quién coño le gusta el voleibol?!!!!

Y van pasando los cursos. Y las notas no son ni excelentes ni muy malas. Del montón. Y con las chicas no hay manera de tener el más mínimo éxito….ni fracaso. Y de deporte mejor ni hablamos, de hecho ¡¡¡¡¡en el instituto haces pira de gimnasia de puro torpe que eres!!!!!. Descubres con horror que existen esos compañeros de pupitre que arrasan en los exámenes, son un crack con la pelota (sea del tamaño que sea), tienen fuerza y agilidad y además son hasta guapos. Y comienzas a cagarte en eso de la perfección y el éxito y en el mamón que repartió los dones y las habilidades de esta forma tan poco equitativa.

Estás en plena adolescencia, que, como época desconcertante y deplorable que es, y para no herir sensibilidades, directamente será omitida en este análisis para saltar directamente a la universidad.

Sí, aquella época en la que tus amigos, por no llamarles pandilla de Judas, te animan a ir con ellos a las fiestas que se organizan en pisos compartidos para servir de comodín en el improbable caso de que no haya nada ligable ni siquiera tras varios katxis de lo que sea. Y tú te quedas allí, plantado. Con la misma cara de pócker. Pensando la mejor estrategia y una disculpa mínimamente creíble para huir como una rata en lugar de echarle un par y hacer relaciones. No. El don de gentes nunca fue lo tuyo. Cual cobarde pecador (jaaaarrrrllll, no puedo) optas por irte y, lo peor de todo, es que nadie se da cuenta de ello. ¡¡¡Qué penica!!! El caso es que esos ligones no son precisamente más guapos que tú, pero ¡¡¡claro!!!, tienen “algo” (Sigo esperando una explicación convincente respecto al significado de ese “algo” por parte del sexo femenino) Y una de las pocas veces que ligas resulta que la susodicha te ha engañado y a pesar de su cuerpo, sus curvas y sus demases, es una criaja cuya edad pondría colorado incluso a Berlusconni y te sientes nuevamente humillado, una mezcla entre Papuchi y un pederasta cualquiera, y tus colegas te vacilan y la muchacha te persigue y te acosa y tu vuelves a poner cara de pócker. Todo es gris y ni siquiera puedes drogarte. Eres tan mediocre que hasta las pocas ocasiones en que has fumado porros te has puesto a morir para guste y disfrute de la cuadrilla de Judas.

El ingreso en el mundo adulto, ése que se supone que se produce cuando uno empieza a trabajar, no contribuye para nada a mejorar el asunto. Al contrario. Pasan meses y años y sigues en tu puesto siendo el último mono y el más invisible de entre todos los monos que componen esa empresa que más que nada parece un zoológico dirigido por un orangután. Cuando reparten los calendarios mensuales, en los cuales las tareas extra (en idioma moderno marrones en toda regla) aparecen con distintas letras y números, te das cuenta de que tu columna tiene todo el abecedario ¡¡¡parece un sudoku!!! y observas que no todos los monos tienen esa misma desdicha. Algunos te ganan. Eso sí, pero por poco. Piensas que no puede ser sino una broma pesada hasta que aceptas que, efectivamente, es otra broma pesada de las que te juega la cruda realidad. Y haces las tareas; la A, la E, la 2, la F. la W, la Psx 2 y todas las demás. Y es como si se hicieran solas. Ni un reconocimiento, ni un comentario, ni un está bien o un está como el culo….¡¡¡nada!!!! siempre ¡¡¡¡nada!!!. Y sigues en tu asiento cada vez con más cara de mono con cara de pócker.

Cambias de curro. A otro en el que, de entrada, ya sabes que nadie reconocerá nada porque nadie espera que le reconozcan nada. Y te das cuenta de que te aproximas peligrosamente a los 40; de que el equipo de fútbol al que siempre seguiste con afición está al borde de la quiebra y juega en segunda división; de que sólo te interesan las batallas que sabes perdidas de antemano como la defensa de un parque ante una amenaza de cemento, el reciclaje llevado a su máxima expresión, y otras cuestiones de dudoso empaque. Menudencias. Incluso en política optas por formaciones ultraminoritarias, casi irrisorias, exóticas incluso, que deambulan de desastre en desastre hasta el fracaso final. Tan acostumbrado estás a asumir las derrotas que ni en noches electorales, esas en que todo el mundo gana, sientes nada que celebrar.

Quizá por todo esto desconfío tanto de quien logra la gloria y aún más de quien tiene grandes aspiraciones. Hoy es el día en el que, cuando me hablan del éxito y de la ambición, simplemente, pongo cara de pócker y cambio de conversación.

Los mentalmente divergentes II

Soy competitiva en extremo y como no se me anima el personal voy a por la segunda entrega de personalidades divergentes que han pasado por mi vida en tiempos pretéritos.

Nuestra protagonista en esta ocasión era una chica de unos veinte años con un deseo sexual irrefrenable, hasta el punto de que jamás permanecía con el resto del grupo más allá de las dos o tres de la mañana. Cada noche del fin de semana, repito, cada noche, nuestra aguerrida fémina se acercaba al tío con más pinta de tirado, que no tirable, y se lo calzaba. No era nada fea, ni estúpida, no tenía nada que no la hiciera absolutamente deseable, es sólo que no quería tener que currárselo y por ello iba a lo más fácil, y seguro, que encontraba… historias mil hay para contar, pero contaré sólo unas pocas, y la última es la que hace que puede que gane a la mismísima María Magdalena. Conste que jamás la juzgué, es la persona más libre que he conocido jamás, así que ole y ole sus ovarios.

Para abrir boca: en una ocasión subía las escaleras con el tirado de la noche y se cruzó con un vecino molón del susodicho – que aún no daba crédito a la suerte que tenía – y en cuanto acabó sus quehaceres se fue a tocar la puerta del vecino: “me guiñó un ojo” nos dijo al día siguiente, a modo de explicación.

En su adolescencia ya apuntaba maneras. Nuestra protagonista se fue voluntariamente a un internado de monjitas para poder decirles a sus padres que tenía que quedarse allí algunos fines de semana, pero jamás se quedó en el internado; a sus quince años de entonces se iba al norte donde estaba el único amor de verdad que tuvo en la vida, un seminarista al que dejó, muerta de dolor, cuando supo que a pesar de su relación iba a tomar los votos. Se reencontraron de vez en cuando, pero ya no era lo mismo (aunque no es que los votos fueran muy respetados)

Un buen día, ya con veintitantos, empezó a tener caprichos y aunque jamás se prostituyó decidió que quizá su desmedida afición amorosa podía proporcionárselos así que cambió de táctica con los tirados nada tirables que se calzaba y al terminar cada noche les pedía dinero… si el tirado no tirable tragaba se compraba el capricho, si no tragaba le decía que era una broma.

Pero la historia más grande jamás contada es que un buen día se casó, yo le había perdido la pista un par de años antes; cuando llevaba más o menos un año casada el matrimonio tuvo un accidente de tráfico en el que él murió. A ella no le afectó en exceso porque realmente no se casó por amor (ni por dinero, ni por niños, se casó porque a pesar de ser mentalmente divergente tenía un corazón inmenso, y como todo hay que decirlo conste también que este no era, ni mucho menos, un tirado) La cuestión es que repatriando el cadáver los trámites son penosos así que el hermano del difunto se fue hasta donde estaba para ayudar y ahí se enamoraron, o eso me contó cuando me llamó, el día antes de su segunda boda… un mes después del accidente. La conversación fue delirante:

Mentalmente divergente (en adelante MD): Mi marido se mató hace un mes.

Yo: No jodas, cuánto lo siento. Debes de estar hecha migas…

MD: No, si no te llamo por eso, estoy muy feliz, mañana me caso con su hermano.

Yo: ¡¡Comorrrr??

MD: Te he llamado porque mi familia no me habla y la suya tampoco, y quería que alguien se alegrara por mí.

Yo: no, si me alegro mucho de que seas feliz pero moriré si no te lo pregunto ¿qué prisa tienes?

MD: bueno, pues básicamente que él está divorciado y siempre me ha hecho ilusión ser una segunda esposa.

Hablamos unas dos horas y me dio sus razones, me alegré por ella, pero sigo atónita. Era una mentalmente divergente pero qué queréis que os diga, calzar calzaba mucho, pero joder, no jodía a nadie.