No es un verso de Góngora, ni siquiera de un poeta del Siglo de Oro. De hecho, a pesar de ser un endecasílabo perfecto no es un verso. Es un apunte médico que define el estado físico de mi padre. Cuando lo vi, le pregunté si su médico era argentino, por casualidad, y él me contestó que no. Sin embargo, al leer el citado comentario comentó impasible: “Argentino no, pero gilipollas un rato”.No voy a hablar de los clásicos, al menos, no hoy. Sólo quiero hacer un somera reflexión sobre la vida. Y es que hay momentos en los que parece que algún cabrón nos ha pisado el cristal de las gafas de lejos. Que no es fácil intentar ver más allá de lo que tenemos delante de nuestras narices y que pensamos que los sueños; sueños son y por tanto inalcanzables.
Intento convencerme de que no es cierto, de que las ilusiones volverán como las oscuras y cursis golondrinas de don Gustavo Adolfo Bécquer.
A veces, lo consigo. Otras no. Engañarme digo. Porque de qué otra cosa se trata la vida que no sea de engaños pequeños y grandes que uno perpetra contra uno mismo y contra o a favor los demás. No puedo más que citar con mi mala memoria y mi gran admiración al señor Biedma en uno de sus más sencillos y mejores poemas cuyo título es “No volveré a ser joven”
Que la vida iba en serio
Uno lo empieza a comprender más tarde
Como todo los jóvenes yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
Y marcharme entre aplausos
Envejecer, morir eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
Y la verdad desagradable asoma:
Envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Si ya sé que no se trata de mí, pero una al fin y al cabo una sabe reconocerse en los espejos. Y se pregunta cuándo llegue mi momento qué coño será de mí, cuánto habrá cambiado mi rumbo, hacia dónde habré ido. Es más que probable que a ninguna parte. Algunos, sólo algunos somos especialistas en los viajes a ninguna parte. Bueno y qué más da.


4 bichorismos:
Ay Raimundita, que la vida no es algo que haya que tomarse demasiado en serio es algo que aprendí de ti cuando me la salvaste.
Eres la persona más admirable, viva y valiente que conozco así que citándote a ti misma a veces te has muerto y siempre has resucitado.
Llegarán tiempos mejores, siempre llegan.
No te preocupes Raimundita. Lo importante no es hasta dónde llegar, sino el cómo llegar (o cómo viajar, aunque sea a ninguna parte) Y en ese trayecto puedes estar segura de que lo importante es que a muchos nos hiciste mucho más agradable el viaje en el tiempo en que compartimos vagón. ¿Te parece poco?. Ánimo.
Jo, que me pongo tristeeeeeeeeeeeeee
Que sólo era un pequeña reflexión, no precouparse. Gracias de todas formas.
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